Amanecer y esperar. Esperar a la ternura, a la vida y a esa riqueza natural con que iniciamos un proyecto de vida junto a otra persona. Y es un ser, una luz que nos iluminará. Una sonrisa más. Una versión más de aquello que nos motiva a mover e inquietar el mundo.
Y es en esta cavilación precisamente, donde sobrevienen también recuerdos y pasos de los padres sobre el tiempo y que parecieran transcurrir. Pero siempre enterándonos.
Habrá una mañana diferente. Habrán días y noches diferentes. Amor y protección. Porque de pronto serás y también seremos. Uno más. Felices y unidos.
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