martes, 17 de marzo de 2026

Esa Mirada

Tiene tanto de felina como sideral. Es la mirada con que el padre siembra una despedida en el semblante de su pequeña hija y porque sabe que alrededor, o mejor aún, cercano a donde residen; está la plenitud que no es otra cosa que el aprender para la vida. O mejor dicho, para hacernos solos más adelante.

Ella entonces, recibe esa mirada y responde con una sonrisa leve, porque recuerda que hubo una tarea que no le salió del todo. O porque no entendió de la explicación del profesor, debido a las circunstancias: Un estómago vacío, o un recordar que el padre no deja propinas. 

No obstante esas miradas, esconden un amor inconmensurable. Destilando efervescencias de quietud y mansedumbre producto de la humildad de ese hogar, que aunque de dos; tienen acumulado el respeto y el afecto de cientos como ellos. 

VI - La Base del Poder

Programar. Tenía doce años cuando mi tío Iván me consiguió un equipo ordenador. No era portátil. Pero podría recibir mis instrucciones y llevarme a un mundo de artes y oficios que me anticiparían a nuevos conocimientos y habilidades. En ese sentido, ganaba dinero diseñando páginas web; que comenzaron a hacerse conocidas y necesarias.

- Mamá, guárdame este pago. Tú eres buena con esto de los ahorros.- Llegaba un día a casa, empoderado.
- No tiene que ser siempre así. Es tu trabajo, aprenderás.- Respondía ella, aleccionando como es habitual.

Al terminar la preparatoria, ya tenía una buena base de clientes; pero sobrevino la responsabilidad de la carrera universitaria y el hecho de llevarla hasta terminarla. Y más que todo, el de reaprender mi forma habitual de trabajo. Como base de este nuevo poder.

jueves, 26 de febrero de 2026

V - Anuncio Importante

 - Mamá, ingresé. Décimo segundo puesto de doscientos. - Di la noticia.

- Que orgullo. Pero por favor, no lo reveles. - Respondió, abrazándome.


No tenía un computador propio en aquel momento, tuve que rentar uno y navegar por las direcciones web de aquellas instituciones llamadas universidad y que por aquel entonces las habían muy pocas; por hablar de las privadas. 

Aún estaba en el colegio y sentirse universitario se sentía muy raro. No iba a descansar ni un sólo instante y probablemente mis nuevos amigos superarían a los de mi colegio. Aquellos que me llamaban genio. Pero acá, imaginaba apelativos como Marciano, Cerebro, Extraterrestre. Y era irónico, porque feo no era. 

VI - Qué Será de Esto

En clase de matemática discreta, ponía atención más de la cuenta. Las máquinas, el árbol de deciones. Todo eso pasa a un código. ¿Y eso qué pretende?. Imagino que Karenina, me lo pregunta mientras bebe un jugo y yo distraído con su escote. Con ella llevamos el curso de preparación de verano y adoptamos peculiares sobrenombres. Aún no destacaba por inteligente, pero sí por exponer ahorcándome el dedo y con algunas muletillas.

- Esas cosas, ¿cómo las aplicaras? - . Me pregunto dando luego unos últimos sorbos a su jugo surtido
- Supongo que para mejorar algunos procesos .- Aduje, concentrado.
- Sabes que te pones bien sexy, así concentrado...

No le seguí la corriente. Sabía que le gustaban las mujeres. Así que reconocí su sinceridad y desee de alguna forma mejorarle algo de su vida. En eso suena la radio otra vez. La misma canción del bus, el dueto. La pantalla está allá, me indica mi amiga. Era un videoclip, y es así que la pude ver. A ella, la jovencísima pelirrojo que llegaba a tonos altos, como yo a mis trances intelectuales. También los tenía como Karenina. Es decir, muy bonitos.

Era Decidida

Porque cuando la compraron, no dejó de mirar a sus cuidadores originales. Pequeña e indefensa. Llegó a esos aparadores y andamios revestidos con algo de misericordia por la condición de mascota. Pero así creció, fuerte y de a pocos. Muy ágil y resuelta que parecía la confusión genética con alguna raza superior.

Cuando las dos pequeñas hermanas la llevaron consigo, a ese nuevo y marcial hogar, con más reglas que útiles escolares en el entorno de las niñas; se conformó un pequeño paraíso de sonrisas y abrazos y todo lo característico de una sitcom. Sólo que en Arequipa, las cosas transcurren de manera distinta. 

Ella no se quedaba atrás e iba junto a sus pequeñas a todos los rincones, a todos los climas y se ponía en el centro de las miradas que apreciaban tanto a ella como a su familia. Así pasaron los años, aunque sin cambios en su estatura, ella seguía pétrea y libre como una semidiosa.

Era otra atmósfera después de todo, Lima. Y así como la niebla, lo habitual cobró otra matiz. Cerca a su destino, donde sería libre y feliz, nota que la aeronave descendía bruscamente. Las niñas muy asustadas se abrazaron a sus padres. Y ella, ella no entendía. Así que optó por acercarse al ser humano más asustado de todos, colocarse bajo sus piernas y esperar. Esperar hasta el final.

Lince, 26 de Febrero de 2026

jueves, 19 de febrero de 2026

La Veo y No le Creo

No trato de cambiar su recuerdo, por sólo esa noche o su conversar siempre ligero y vago sobre la bañera apenas espumada. Es su trato y su voz ante los medios que me desvincula de lo real y me cuestiona, al punto de cuestionarla. Y esa reflexión es constante. Porque en su voz suave y metálica a la vez, había un tono de recuerdo, de seguro sobre mí.

Cuando la tuve, tan enhiesta, tan resuelta y tan figura eterna; yo era otro. Era indiferente, era cuestionable y alejado de todos como una saeta desenvainada al horizonte. Apenas sabes de mí ahora, es imposible eso que dices... Es la forma que tengo de decirte las cosas, la única. Y no me daba tiempo para insistir.

Luego supe que tenía problemas con su ex-novio, que no la dejaba ser. Y yo todo un inexperto, un mal padre que sólo veía por nuestro hijo; y ella recordándome el pasado y mis errores. Todo transcurría en silencio hasta que me enteré de su triste desenlace en las noticias. Mi hijo y yo, no la veremos más.

IV - Una Carrera Singular

Yo no elegí mi carrera. Ella me eligió a mí. Cuando mis padres decidieron que era momento de dejarles de ayudar en el negocio familiar y de que erija mi propio destino, me dejaron en manifiesto que el estudio era muy importante. Así que ese recordado examen de admisión y con música de fondo mental, camino a este, resultó más que propicio.

- Vas a salir bien en el examen. - Me decía mi madre.
- Gracias, pero quisiera ya que pase todo esto. - Le respondí, cansado.

Ciencias de la Computación, tenía un atractivo muy aparte de su nombre una mezcla entre científico y técnico; era que en cierto modo competía con las telecomunicaciones. Lastimosamente, su desacierto era la poquísima o nula interacción con personas de distintas formaciones. Y eso significaba un evocar de bit y bytes por doquier.


Esa Mirada

Tiene tanto de felina como sideral. Es la mirada con que el padre siembra una despedida en el semblante de su pequeña hija y porque sabe que...