jueves, 26 de febrero de 2026

V - Anuncio Importante

 - Mamá, ingresé. Décimo segundo puesto de doscientos. - Di la noticia.

- Que orgullo. Pero por favor, no lo reveles. - Respondió, abrazándome.


No tenía un computador propio en aquel momento, tuve que rentar uno y navegar por las direcciones web de aquellas instituciones llamadas universidad y que por aquel entonces las habían muy pocas; por hablar de las privadas. 

Aún estaba en el colegio y sentirse universitario se sentía muy raro. No iba a descansar ni un sólo instante y probablemente mis nuevos amigos superarían a los de mi colegio. Aquellos que me llamaban genio. Pero acá, imaginaba apelativos como Marciano, Cerebro, Extraterrestre. Y era irónico, porque feo no era. 

VI - Qué Será de Esto

En clase de matemática discreta, ponía atención más de la cuenta. Las máquinas, el árbol de deciones. Todo eso pasa a un código. ¿Y eso qué pretende?. Imagino que Karenina, me lo pregunta mientras bebe un jugo y yo distraído con su escote. Con ella llevamos el curso de preparación de verano y adoptamos peculiares sobrenombres. Aún no destacaba por inteligente, pero sí por exponer ahorcándome el dedo y con algunas muletillas.

- Esas cosas, ¿cómo las aplicaras? - . Me pregunto dando luego unos últimos sorbos a su jugo surtido
- Supongo que para mejorar algunos procesos .- Aduje, concentrado.
- Sabes que te pones bien sexy, así concentrado...

No le seguí la corriente. Sabía que le gustaban las mujeres. Así que reconocí su sinceridad y desee de alguna forma mejorarle algo de su vida. En eso suena la radio otra vez. La misma canción del bus, el dueto. La pantalla está allá, me indica mi amiga. Era un videoclip, y es así que la pude ver. A ella, la jovencísima pelirrojo que llegaba a tonos altos, como yo a mis trances intelectuales. También los tenía como Karenina. Es decir, muy bonitos.

Era Decidida

Porque cuando la compraron, no dejó de mirar a sus cuidadores originales. Pequeña e indefensa. Llegó a esos aparadores y andamios revestidos con algo de misericordia por la condición de mascota. Pero así creció, fuerte y de a pocos. Muy ágil y resuelta que parecía la confusión genética con alguna raza superior.

Cuando las dos pequeñas hermanas la llevaron consigo, a ese nuevo y marcial hogar, con más reglas que útiles escolares en el entorno de las niñas; se conformó un pequeño paraíso de sonrisas y abrazos y todo lo característico de una sitcom. Sólo que en Arequipa, las cosas transcurren de manera distinta. 

Ella no se quedaba atrás e iba junto a sus pequeñas a todos los rincones, a todos los climas y se ponía en el centro de las miradas que apreciaban tanto a ella como a su familia. Así pasaron los años, aunque sin cambios en su estatura, ella seguía pétrea y libre como una semidiosa.

Era otra atmósfera después de todo, Lima. Y así como la niebla, lo habitual cobró otra matiz. Cerca a su destino, donde sería libre y feliz, nota que la aeronave descendía bruscamente. Las niñas muy asustadas se abrazaron a sus padres. Y ella, ella no entendía. Así que optó por acercarse al ser humano más asustado de todos, colocarse bajo sus piernas y esperar. Esperar hasta el final.

Lince, 26 de Febrero de 2026

jueves, 19 de febrero de 2026

La Veo y No le Creo

No trato de cambiar su recuerdo, por sólo esa noche o su conversar siempre ligero y vago sobre la bañera apenas espumada. Es su trato y su voz ante los medios que me desvincula de lo real y me cuestiona, al punto de cuestionarla. Y esa reflexión es constante. Porque en su voz suave y metálica a la vez, había un tono de recuerdo, de seguro sobre mí.

Cuando la tuve, tan enhiesta, tan resuelta y tan figura eterna; yo era otro. Era indiferente, era cuestionable y alejado de todos como una saeta desenvainada al horizonte. Apenas sabes de mí ahora, es imposible eso que dices... Es la forma que tengo de decirte las cosas, la única. Y no me daba tiempo para insistir.

Luego supe que tenía problemas con su ex-novio, que no la dejaba ser. Y yo todo un inexperto, un mal padre que sólo veía por nuestro hijo; y ella recordándome el pasado y mis errores. Todo transcurría en silencio hasta que me enteré de su triste desenlace en las noticias. Mi hijo y yo, no la veremos más.

IV - Una Carrera Singular

Yo no elegí mi carrera. Ella me eligió a mí. Cuando mis padres decidieron que era momento de dejarles de ayudar en el negocio familiar y de que erija mi propio destino, me dejaron en manifiesto que el estudio era muy importante. Así que ese recordado examen de admisión y con música de fondo mental, camino a este, resultó más que propicio.

- Vas a salir bien en el examen. - Me decía mi madre.
- Gracias, pero quisiera ya que pase todo esto. - Le respondí, cansado.

Ciencias de la Computación, tenía un atractivo muy aparte de su nombre una mezcla entre científico y técnico; era que en cierto modo competía con las telecomunicaciones. Lastimosamente, su desacierto era la poquísima o nula interacción con personas de distintas formaciones. Y eso significaba un evocar de bit y bytes por doquier.


viernes, 23 de enero de 2026

Y Queriendo Conocer

Aquel verano, no pude continuar estudios como el resto de mis compañeros. En realidad eran cursos complementarios o generales, ajenos a mis predilectos y asociados a mi carrera: Ciencias de la Computación, qué marciano suena eso. Sí, ¿verdad?, ¿Cómo te llamas?. Soy Manuel, pero me dicen la Momia. Mucho gusto, Tobías de...Sí, de ciencias de la computación...¿Lo repito mucho verdad?.

Eso, se podría decir fue un primer diálogo con uno de los tantos chicos seleccionados de fútbol playa. Pero fue tan breve, como un darse cuenta de no haber llevado bloqueador solar y al punto de sobarme cada cinco minutos el rostro o los brazos que me andaba quemando: Hola, acá hay sitio en la sombra, por si vas a hacer barra. Muchas gracias, me llamo Tobías. Silvanna. ¿Eres de la selección?. Sí, te veo seguido por acá, pero no juegas. Sí, no tengo mucha práctica, aparte estudio. ¿Qué estudias?

En ese momento, no imaginaba que de manera gradual un ser sociable afloraba en mí. Y en parte porque ya tenía cierta experiencia en el mercadeo por alguna pasajera incursión en el rubro de la enseñanza. Entonces, me preguntaba a la velocidad del sonido, cómo continuar con el diálogo. Se ponía bueno. Silvanna, se veía mayor que yo. Supe que tenía un auto. Hubiese querido que sea la más bajita del grupo de la selección. Pero me tocó ella, así que continué.

Estudio Ciencias de la Computación. Dios, hasta acá llegan esos cometas. Jajaja, estuvo bueno eso. Eres todo un marcianito Tobías. El gusto es mío. Bueno, ya me toca jugar y que bueno que siempre vengas a apoyarnos. Gracias son todos muy simpáticos. Y tu un encanto, cuídate del sol pequeño. Aquello de pequeño, probablemente fue por la edad. Bajito no era. A las próximas visitas seguí su consejo con el tema de las gorritas y los bloqueadores, pero ya no me pude acercar mucho a sus gradas. Ya comenzaron a entrenar en serio para su campeonato. Me quedé con las ganas de conocerlos. Y así acabó el verano.


jueves, 22 de enero de 2026

Azul Destino

Ella prepara su casco por segunda vez, se asegura de que el lado cobertor facial no brille mucho por efecto del sol, porque podría durante el trayecto minimizar la visión. Ella sabe que no puede confiar en Gabriel, dado que vienen aplicando multas a partir de las diez de la noche. Constantemente, como una madre preocupada, se lo recuerda; y que por favor no olvide tener cuidado con los camiones y los microbuses que no creen en nadie.

La mañana del jueves y dirigiéndose al norte, muy temprano, pasa por un cerco policial que desvía el tráfico producto de un cadáver que un par de horas atrás, mientras vivía, había acelerado más de la cuenta y sin percatarse de un rompe muelle perdió el equilibrio. Llegada a su destino, ella besa al hombre con ternura, le dice una frase bonita al oído y comienza a desvestirse con calma. 

Cuando ella ama, el mundo se detiene un poquito. Se toma su tiempo mientras mira a su hombre, desde la pelvis de este y con una ligera segregación en tanto acciona su mano derecha; continúan las miradas y previos a un beso. Durante unos minutos, ella se aferra a su cuerpo y siente al de su amante, tibio, suave y circundante. Luego le pide que se retire despacio porque tiene una particularidad genital que la hace más joven e inexperta de lo que aparenta. El ya terminó entre tanto.

Hablan de cuentas, de cuanto le dejaron en el mercado aquellos puestos y que el cabecilla había hecho los cálculos y más o menos correspondía la cantidad que escribió sobre un papel toalla. Ella no pierde su sonrisa, permanece segura y hace un ademán de contestar el número o mensaje, entre leyendo un párrafo que sólo existe en su imaginación y que la hace interesante frente al criminal con que se había acostado hace unos minutos. Ambos nerviosos y cómplices acuerdan el medio de transferencia. Ella termina de recoger sus prendas y el sobre con el cupo acumulado y que irá para el padre de sus hijos: y con quién no vive a pesar de sus ruegos. Alude que como siempre es un gusto y decide volver a casa; donde le esperan su hijos. Extrañamente en su camino distinguió que el cielo estaba más azul de lo normal.

Lince, 20 de enero, del 2026

V - Anuncio Importante

  - Mamá, ingresé. Décimo segundo puesto de doscientos. - Di la noticia. - Que orgullo. Pero por favor, no lo reveles. - Respondió, abrazánd...