jueves, 28 de mayo de 2026

Entro a la escuela. No veo a mis compañeros. Pregunto al portero. A la puna los llevaron, unos malditos. Me imaginaba que fueron esos mismos que se llevaron a mi tío cuando este era adolescente; que así fue como le rompieron el corazón a mi abuela. No te preocupes, madre. Seguro está con el ejército mientras dure esta guerra. No le parecía interesar ni mucho menos calmar esta respuesta. Una madre nunca se cansa, ni conforma. 

Entre los que se fueron, supe también que Joaquín, aquel que pusieron por nombre así por sugerencia del padrecito; tomó la previsión de salir a pastar. Hacía mucho frío, tomó consigo su fiambre y pero no sabemos si vendrá. Parecía que sabía de esa acometida al pueblo y a la escuela. Había jugado con el bolitas unas semanas atrás. Se veía tranquilo, feliz. Despreocupado por su familia, por su querida hermana. Como si los malditos no tuvieran en mente a estas personas. La revolución no es para las mujeres. Y terminó siendo mentira, porque cuando acabaron con muchos hombres o estos fueron llevados por el ejército, comenzaron a llevarse a las mujeres.

Salgo de la escuela, y el cielo opacado por un verdor fantasmal se presenta de pronto. Distingo que es un sudor que corre por mi frente y que el día recién está empezando. Mi cabeza no emprende otro pensamiento que sino en aquellas familias. De por qué yo si vuelvo, que yo estuve también pastoreando y demoré por ayudar a una mula a quien se le atascó una pata por los huarangos. Señora, madrecita: Yo no tengo la culpa. Yo me salvé más bien. 

Entonces no decido volver al pueblo. Por qué y para qué. Para ser un vivo recuerdo de todas esas mujeres. Para ser un fantasma. Un ¿Qué haces acá y no agüaitas mejor? Regrésate y busca a nuestros hijos. No puedo contener el sudor. Mis manos tiemblan. Eso que veo al fondo es un camión acercándose. Un camión con otra historia detrás. Un camión imposible de poseer por los malditos. O a lo mejor: Un espejismo de que debo unirme a ellos. Hasta no encontrarlos.

Tío espérame. Tío allá voy.

Lince, 28 de mayo del 2025

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