jueves, 22 de octubre de 2009

Nunca me agradó el río, tampoco su sonido de solo cruzarlo por la noche llegado ese momento. La noche sobre el río es trepanadora, de noche sobre un río es desquiciante. Cierta vez decidí vencer ese temor.

Primero conseguí una enamorada y decidí elegir un mirador como punto de encuentro. Luego del amor venía una vista al río. Imaginábamos suicidándonos arrojándonos a sus aguas sucias; hasta llegábamos a filosofar sobre sus corrientes.

Finalmente intentar una visita a otra chica, que implicara el pase sobre un puente. Ahí comprendí que era imprescindible tener una o dos mujeres en nuestras vidas. Porque cada mujer es un temor menos.

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