martes, 21 de diciembre de 2010

Travesura

Ella ocultaría su edad por tercera vez. Ella le pediría como siempre que le pague el taxi rumbo a casa, que le deposite un dinerito (o si es que tenía efectivo mucho mejor)para la medicina de su mami; antes de que don Abelardito la invitara posiblemente a penetrarla.

Ella acababa de cumplir diecinueve años. Para cuando tomó el taxi, según los testigos, iba desangrándose. Pero en ningún momento dejó de apretar con fuerza uno de sus puños, porque en él llevaba algunos billetes para las supuestas medicinas y para pagar la carrerita; esa carrerita que terminó siendo hacia la muerte.

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