No trato de cambiar su recuerdo, por sólo esa noche o su conversar siempre ligero y vago sobre la bañera apenas espumada. Es su trato y su voz ante los medios que me desvincula de lo real y me cuestiona, al punto de cuestionarla. Y esa reflexión es constante. Porque en su voz suave y metálica a la vez, había un tono de recuerdo, de seguro sobre mí.
Cuando la tuve, tan enhiesta, tan resuelta y tan figura eterna; yo era otro. Era indiferente, era cuestionable y alejado de todos como una saeta desenvainada al horizonte. Apenas sabes de mí ahora, es imposible eso que dices... Es la forma que tengo de decirte las cosas, la única. Y no me daba tiempo para insistir.
Luego supe que tenía problemas con su ex-novio, que no la dejaba ser. Y yo todo un inexperto, un mal padre que sólo veía por nuestro hijo; y ella recordándome el pasado y mis errores. Todo transcurría en silencio hasta que me enteré de su triste desenlace en las noticias. Mi hijo y yo, no la veremos más.
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