Tiene tanto de felina como sideral. Es la mirada con que el padre siembra una despedida en el semblante de su pequeña hija y porque sabe que alrededor, o mejor aún, cercano a donde residen; está la plenitud que no es otra cosa que el aprender para la vida. O mejor dicho, para hacernos solos más adelante.
Ella entonces, recibe esa mirada y responde con una sonrisa leve, porque recuerda que hubo una tarea que no le salió del todo. O porque no entendió de la explicación del profesor, debido a las circunstancias: Un estómago vacío, o un recordar que el padre no deja propinas.
No obstante esas miradas, esconden un amor inconmensurable. Destilando efervescencias de quietud y mansedumbre producto de la humildad de ese hogar, que aunque de dos; tienen acumulado el respeto y el afecto de cientos como ellos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario