Programar. Tenía doce años cuando mi tío Iván me consiguió un equipo ordenador. No era portátil. Pero podría recibir mis instrucciones y llevarme a un mundo de artes y oficios que me anticiparían a nuevos conocimientos y habilidades. En ese sentido, ganaba dinero diseñando páginas web; que comenzaron a hacerse conocidas y necesarias.
- Mamá, guárdame este pago. Tú eres buena con esto de los ahorros.- Llegaba un día a casa, empoderado.
- No tiene que ser siempre así. Es tu trabajo, aprenderás.- Respondía ella, aleccionando como es habitual.
Al terminar la preparatoria, ya tenía una buena base de clientes; pero sobrevino la responsabilidad de la carrera universitaria y el hecho de llevarla hasta terminarla. Y más que todo, el de reaprender mi forma habitual de trabajo. Como base de este nuevo poder.
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