- Mamá, ingresé. Décimo segundo puesto de doscientos. - Di la noticia.
- Que orgullo. Pero por favor, no lo reveles. - Respondió, abrazándome.No tenía un computador propio en aquel momento, tuve que rentar uno y navegar por las direcciones web de aquellas instituciones llamadas universidad y que por aquel entonces las habían muy pocas; por hablar de las privadas.
Aún estaba en el colegio y sentirse universitario se sentía muy raro. No iba a descansar ni un sólo instante y probablemente mis nuevos amigos superarían a los de mi colegio. Aquellos que me llamaban genio. Pero acá, imaginaba apelativos como Marciano, Cerebro, Extraterrestre. Y era irónico, porque feo no era.
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