En clase de matemática discreta, ponía atención más de la cuenta. Las máquinas, el árbol de deciones. Todo eso pasa a un código. ¿Y eso qué pretende?. Imagino que Karenina, me lo pregunta mientras bebe un jugo y yo distraído con su escote. Con ella llevamos el curso de preparación de verano y adoptamos peculiares sobrenombres. Aún no destacaba por inteligente, pero sí por exponer ahorcándome el dedo y con algunas muletillas.
- Esas cosas, ¿cómo las aplicaras? - . Me pregunto dando luego unos últimos sorbos a su jugo surtido
- Supongo que para mejorar algunos procesos .- Aduje, concentrado.
- Sabes que te pones bien sexy, así concentrado...
No le seguí la corriente. Sabía que le gustaban las mujeres. Así que reconocí su sinceridad y desee de alguna forma mejorarle algo de su vida. En eso suena la radio otra vez. La misma canción del bus, el dueto. La pantalla está allá, me indica mi amiga. Era un videoclip, y es así que la pude ver. A ella, la jovencísima pelirrojo que llegaba a tonos altos, como yo a mis trances intelectuales. También los tenía como Karenina. Es decir, muy bonitos.
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