Porque cuando la compraron, no dejó de mirar a sus cuidadores originales. Pequeña e indefensa. Llegó a esos aparadores y andamios revestidos con algo de misericordia por la condición de mascota. Pero así creció, fuerte y de a pocos. Muy ágil y resuelta que parecía la confusión genética con alguna raza superior.
Cuando las dos pequeñas hermanas la llevaron consigo, a ese nuevo y marcial hogar, con más reglas que útiles escolares en el entorno de las niñas; se conformó un pequeño paraíso de sonrisas y abrazos y todo lo característico de una sitcom. Sólo que en Arequipa, las cosas transcurren de manera distinta.
Ella no se quedaba atrás e iba junto a sus pequeñas a todos los rincones, a todos los climas y se ponía en el centro de las miradas que apreciaban tanto a ella como a su familia. Así pasaron los años, aunque sin cambios en su estatura, ella seguía pétrea y libre como una semidiosa.
Era otra atmósfera después de todo, Lima. Y así como la niebla, lo habitual cobró otra matiz. Cerca a su destino, donde sería libre y feliz, nota que la aeronave descendía bruscamente. Las niñas muy asustadas se abrazaron a sus padres. Y ella, ella no entendía. Así que optó por acercarse al ser humano más asustado de todos, colocarse bajo sus piernas y esperar. Esperar hasta el final.
Lince, 26 de Febrero de 2026
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