Nadie pregunta por mí, de hecho la atención está por otro lado. Y claro, me siento en medio de instrumentos que rompen el silencio de un bar. Pero esa canción, que venía de la radio con nombre espacial, resonaba y parecía que era imponente por ese dúo. Imaginaba que el bus aumentaba de velocidad, provocando que mi cabellera se impulse libremente, al menos por ese momento en que no tenía que liberar absolutamente nada.
Porque tan solo, como una pieza de jazz me dirigía a una muestra gratis de verano cortesía del bus de la universidad. Nadie preguntaría qué hago ni qué estudio, ni de dónde vengo. Por si acaso, Estudio ciencias de la Computación, por si alguien quería empezar conversación conmigo. Ese alguien que no llegó y que supe direccionar a la música de la radio. Un dúo. Sí, y una pelirroja.
Vendrían ocasiones similares, tránsitos y vistas similares. De la universidad a la playa, y claro la misma radio y la canción del momento, hasta que haga su aparición alguien interesado por mí, para yo responder con un Hola, estudio ciencia de la Computación.
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