Aquel verano, no pude continuar estudios como el resto de mis compañeros. En realidad eran cursos complementarios o generales, ajenos a mis predilectos y asociados a mi carrera: Ciencias de la Computación, qué marciano suena eso. Sí, ¿verdad?, ¿Cómo te llamas?. Soy Manuel, pero me dicen la Momia. Mucho gusto, Tobías de...Sí, de ciencias de la computación...¿Lo repito mucho verdad?.
Eso, se podría decir fue un primer diálogo con uno de los tantos chicos seleccionados de fútbol playa. Pero fue tan breve, como un darse cuenta de no haber llevado bloqueador solar y al punto de sobarme cada cinco minutos el rostro o los brazos que me andaba quemando: Hola, acá hay sitio en la sombra, por si vas a hacer barra. Muchas gracias, me llamo Tobías. Silvanna. ¿Eres de la selección?. Sí, te veo seguido por acá, pero no juegas. Sí, no tengo mucha práctica, aparte estudio. ¿Qué estudias?
En ese momento, no imaginaba que de manera gradual un ser sociable afloraba en mí. Y en parte porque ya tenía cierta experiencia en el mercadeo por alguna pasajera incursión en el rubro de la enseñanza. Entonces, me preguntaba a la velocidad del sonido, cómo continuar con el diálogo. Se ponía bueno. Silvanna, se veía mayor que yo. Supe que tenía un auto. Hubiese querido que sea la más bajita del grupo de la selección. Pero me tocó ella, así que continué.
Estudio Ciencias de la Computación. Dios, hasta acá llegan esos cometas. Jajaja, estuvo bueno eso. Eres todo un marcianito Tobías. El gusto es mío. Bueno, ya me toca jugar y que bueno que siempre vengas a apoyarnos. Gracias son todos muy simpáticos. Y tu un encanto, cuídate del sol pequeño. Aquello de pequeño, probablemente fue por la edad. Bajito no era. A las próximas visitas seguí su consejo con el tema de las gorritas y los bloqueadores, pero ya no me pude acercar mucho a sus gradas. Ya comenzaron a entrenar en serio para su campeonato. Me quedé con las ganas de conocerlos. Y así acabó el verano.
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