Antes nos conocíamos por coincidir. Coincidí con Anita, la vez que estaba pidiendo ayuda en la tienda cuando perdió a su gato. Y yo le dije que me espere a dejar mis menestras que me encargaron en casa; y que llegaría a ayudarla. Pero al volver no sólo no la vi en la tienda, sino que la dependiente riendo decía que era El quinto gato que se le pierde.
Entonces de vuelta a casa y con una ligera sensación de llovizna en el ambiente, me percato que efectivamente aquel sonido correspondía a un maullido y que estaba cerca. Giro, bajo la mirada, busco en ambos lados y había un gatito. Regreso a la tienda. Indico que ese gatito puede ser de la chica. No se puede quedar el gato acá, Anita vive en Calle 7; sus padres tienen un puesto de pasteles.
El tema es que consecuente con mi forma de apreciar la educación y la cortesía me limité a dejar al gato en dicha calle y en la base del puesto, que se iba construyendo de a pocos (ya habían puesto los baquitos). El gato parecía tranquilo. Se trató de un paseo en todo caso o quizás quiso escapar. Muy exagerada Anita.
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