Nadie imagino que regresaría. Allá en Perú las cosas le iban súper de bien. Había emprendido muchos negocios, repartía pasteles. Hacía indrives. Y sabe Dios qué más, qué nos importa; pero estaba bien. Es decir, imaginarla atrapada entre escombros y abrazando a sus sobrinos. No se nos pasó por la mente. Ella no tenía que hacer nada acá.
Pero esta era su tierra. Y mira qué injusto. Ella sólo estaba de paso. Y pasó aquello que nos puso el alma en un vilo. Cerca al mar, el aparente terror de los maretazos, y terminamos más concentrados en el centro donde todo fue peor. Perdimos casas y lo más importante, uno que otro pariente o familiar. En eso que fue tan devastador y aquellos once días de dificil prueba, no quedó luego esperanza.
Y volviendo a ella, tan cambiada y tan a gusto por sus redes. No imaginamos que la veríamos por acá. Sólo pensando que ese post del avión era algo pasado. Porque así todo el mundo anda ahora. Y pero no dejó nada. Sus sobrinos fueron rescatados antes porque se dieron cuenta que ella no resistió. Que aquellos bloques pesados hicieron de su cuerpo una muestra de infortunio y paso de la fatalidad.
Así decidimos, reconocerla y avisar a su familia, que sí sobrevivio y que tendrán que afrontar que no tendrán más de ella ni de lo que ella poseía. Pues su historia culminó por acá, no sabiendo dónde se desarrollo o cómo fue madurando y creciendo. Porque acá ella era muy menudita y educada y finita. Pero fue cambiando y con ella todo a su alrededor, sus viajes, sus nuevas posesiones. Esto no es un sueño para nadie; esto ya terminó por arrancarnos las ilusiones de por vida. Y dejarnos un sendero eterno para las flores.
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