martes, 27 de octubre de 2026

XXV - Planificación y feria

Para estar presente en la feria era, y en la mayoría de casos de todo el mundo es así, era necesario invertir. Es decir pagar por un espacio expresado en metros cuadrados y dependiendo de los días de anticipo, seleccionar el más conveniente. Y en ese sentido, por la diferencia de una transacción en un par de horas, se perdío el originalmente anhelado. Quedándose con una segunda opción, y pero que tenía vista, hacia el estrado de la arena; donde se realizaría el concierto.

- Esto es cosa del destino - afirmaba Dmitry, contento por lo que venía aconteciendo. 
- Sí, desde luego. Siempre me van bien en las pruebas de sonidad -  afirmaba y por cuanto se tenía acceso
- Vista privilegiada, sin duda - asentía mi socio.
- Bueno, ahora planifiquemos.

Los stands se pueden dotar tanto de personas que den apoyo visual u orientación o bien con material visual. Elegimos ambos. Es decir, llevamos informativos, una gigantografía y claro, la presencia de Dmitry en terno, pese al calor. Mostrando el profesionalismo que se nos caracterizaba y por qué no el gran tamaño de mi socio; que llamaría la atención de los feriantes. Luego el tiempo de permanencia y que nos turnaríamos. En mi caso, explicar durante toda la mañana y ya por la tarde cederla la posta a Dmitry. Y así fue.

Llegaban estudiantes, empresarios y comerciales a la feria. Les gustaba y se llevaban los folletos. No había un módulo digital para hacer trivias o juegos; pero sí veíamos que en otro stand, si lo aplicaban. Era nuestra primera feria. Iríamos mejorando. De pronto oímos sonidos y práctica de voces agudas. Era ella. Distrayéndome y deteniendo mi concentración y mi tiempo. Así que la dirigí mi mirada hacie la procedencia del sonido por unos segundos y volví a lo mío. A explicar y tratar de cerrar acuerdos comerciales. La feria ya había comenzado. 

Significado del deber según Bertello

Bajo la calentura del momento una rolliza y abnegada madre soltera que oferta chanfainitas, exclama toda clase de maldiciones sobre el motociclista que acaba de impactar sobre un perro. Este último luego de cinco segundos en el aire y algo atontado por el golpe, cae pesadamente sobre una acera fresca; los de luzdelsur acababan de rellenarla luego de dos jornadas de trabajo. Muchas conexiones clandestinas, le decía uno de los trabajadores a esta vendedora de comidas, quien estaba hecho un manojo de nervios porque nunca había visto a un ser vivo volar por los aires. Y tanta fue la impresión que decidió cortar aquella visión a los tres segundos, para cuando el animal ya enmarcaba un sentido parabólico en su desafortunado trayecto. Y al mismo tiempo que decidió cerrar su puesto y volver a casa, para prevenir una descompensación. 

Yonaiker. Un amante de la velocidad y con desmesurado cuidado por los tres modelos de wanxin que ostentaba; gracias a sus negocios. Y era lo único que se animaba a divulgar; es decir su destreza y sus maniobras nocturnas por la vía evitamiento. Porque la envidia es grande; nadie te reconoce. No existen los favores. Esto es mi diversión, sabes. Lo que nunca supo, tal vez por la premura de su vida, o los negocios o de sus vicios ultramotores; es que para manejar en el país que lo acogía era necesario una licencia y lo segundo contar con un seguro obligatorio contra accidentes. Nadie en su entorno se lo comentó tampoco; porque en dicho entorno recobraba en vigor o en negrita la palabra ilegalidad. Y fue así que en una circunstancia de tantas esas que el vive mientras transita o transita mientras vive a más de cien por hora; se percata que súbitamente los carenados de su tesoro son impactados y desprendidos en segundo por una masa viviente y que luego de emitir un aullido seco sale disparado por el aire. Él no lo podía creer.

A don Aparicio lo jubilaron antes de tiempo, decían sus vecinos del barrio Infantas en San Martín. Pero se salió con la suya, decían otros. Se trajo al perro que le ayudaba en la vigilancia. El perro fue bautizado como Bertello, algunos decían que por recuerdo de su juventud que iba a la discoteca de nombre Bertoloto. Pero el mismo jubilado (contra su voluntad), contaba que fue en una avenida con ese nombre donde uno de sus antecesores lo encontró solo y sarnoso; buscando comida. Y bueno el perro ya tenía su edad, es decir doce años. Pero tenía una particularidad, siempre volvía a su posición de vigía llegada las dos de la tarde. Obviamente que cuando jubilaron a su compañero de trabajo humano y este lo llevó consigo, como parte o integral de su liquidación; Bertello regresaba donde él, sea en su casa o en otro cachuelo por ahí. Porque total el dueño tan viejo no era.

Y pero llegó ese día en que demoró más de la cuenta, apenas quince minutos. Se puso en su posición habitual. Efectivamente, fuera de la casa de don Aparicio. Se le notaba distinto, como más jadeante de lo habitual. Cojeaba también, y tenía en el lomo una herida que le provocaba un sangrado que de haberse tratado de un niño; sería necesario haberle llevado a emergencias. Pero, Ya está, como diría Yonaiker. A seguir con la vida. Porque el deber estaba más enfrascado en la mente de Bertello casi en la misma o mayor proporción que el mero deleite para con su intempestivo e indocumentado agresor. 


XXIV - Al noroeste una esperanza

Fue tal vez un presagio, aquello de crecer como empresa. Y visto que la importación de máquinaria e intrumentación con soporte de software, de fácil configuración y mantenimiento, implicaba altos costos de transporte; pues resultaba más que una oportunidad el llegar hacia el noroeste. Donde estaban las ciudades más importantes y de amplia difusión tecnológica.

Aquella invitación a una feria tecnológica, tenía una peculiar coincidencia. En realidad dos. La primera porque se suscitaba en fechas donde se tendría un concierto previsto en lo multitudinario. Y segundo que dicho concierto se daría en la misma ciudad de la feria. Para mi sorpresa, la banda de mi bien recordada y apreciada musa era la que tenía la presentación principal. Les estaba yendo bien.

- No la saco aún, ¿te refieres a una pelirrojita? - Inquiría mi jovial socio, respecto a la misteriosa mujer. 
- Sí, ella misma. ¿No has visto los posters y banners que aparecen por la carretera? - Asentía, motivado.
- Claro, claro. Muchas coincidencias. Espero nos vaya bien en cuanto el trabajo.Y en cuanto a ti...
- Gracias, pero no tengo esperanzas de llegar hasta ella. Mas sí iré al concierto. 

El viaje transcurría. Y esta ves mis pensamientos sobrevinieron sobre una canción que venía siendo hit en las radios. Hablaba de sacrificios. No era en mi idioma materno. Pero entendía que trataba del esfuerzo que uno ponía en la vida. Ya podía pagarme un concierto y en buena ubicación después de todo. Y claro, sólo para verla a ella y no recibir órdenes. Como la última vez.

XXV - Planificación y feria

Para estar presente en la feria era, y en la mayoría de casos de todo el mundo es así, era necesario invertir. Es decir pagar por un espacio...