Para estar presente en la feria era, y en la mayoría de casos de todo el mundo es así, era necesario invertir. Es decir pagar por un espacio expresado en metros cuadrados y dependiendo de los días de anticipo, seleccionar el más conveniente. Y en ese sentido, por la diferencia de una transacción en un par de horas, se perdío el originalmente anhelado. Quedándose con una segunda opción, y pero que tenía vista, hacia el estrado de la arena; donde se realizaría el concierto.
- Esto es cosa del destino - afirmaba Dmitry, contento por lo que venía aconteciendo.
- Sí, desde luego. Siempre me van bien en las pruebas de sonidad - afirmaba y por cuanto se tenía acceso
- Vista privilegiada, sin duda - asentía mi socio.
- Bueno, ahora planifiquemos.
Los stands se pueden dotar tanto de personas que den apoyo visual u orientación o bien con material visual. Elegimos ambos. Es decir, llevamos informativos, una gigantografía y claro, la presencia de Dmitry en terno, pese al calor. Mostrando el profesionalismo que se nos caracterizaba y por qué no el gran tamaño de mi socio; que llamaría la atención de los feriantes. Luego el tiempo de permanencia y que nos turnaríamos. En mi caso, explicar durante toda la mañana y ya por la tarde cederla la posta a Dmitry. Y así fue.
Llegaban estudiantes, empresarios y comerciales a la feria. Les gustaba y se llevaban los folletos. No había un módulo digital para hacer trivias o juegos; pero sí veíamos que en otro stand, si lo aplicaban. Era nuestra primera feria. Iríamos mejorando. De pronto oímos sonidos y práctica de voces agudas. Era ella. Distrayéndome y deteniendo mi concentración y mi tiempo. Así que la dirigí mi mirada hacie la procedencia del sonido por unos segundos y volví a lo mío. A explicar y tratar de cerrar acuerdos comerciales. La feria ya había comenzado.