- Yo pago esta vez. - Se adelantó Josefina.
- No es justo, tú me recomendaste el lugar. Hagamos algo, ¿que tal si creamos un lugar alusivo a los peluches?.- Idea brillante que propusiera Martina y que recaería la atención de los próximos días.
Al llegar a casa, su madre la recibe con una sonrisa cálida. Ella tiene una enfermedad crónica, pero nada que su organismo pueda complicar su presencia diaria y laboriosa y sonriente para con su única hija. La sopa está cálida aún.
Sobre la modesta mesa y al costado del plato medianamente hondo, resuena un celular de gama alta. Son notificaciones del Whatsapp. Pierre, su ex, le avisa que mañana hay una activación de Productos de Proteínas. "Ven lo más temprano posible. Ya sé que vas a estar algo molesta, que te gusta dormir mucho. Pero tú sabes como es el negocio. Tienes que sonreír..."
Martina, recorre el Campus, con la parsimonia de una futura Arquitecta de Interiores. Lleva en su interior una idea que revolucionaría el mundo entero, similar a aquella de la fibra óptica de colágeno que le recordaba su querido tío Gustavo cada vez que lo visitaba; y que empero por la insistencia ella terminó optando por la arquitectura.
Su cálida sonrisa y su oso, claro está atrajo a una apuesta jovencita desde aquel otro pabellón del que se decía provenían las buenas ideas. Pero esta ocasión no las obligaría a una discusión, ni mucho menos a un debate.
- Yo también tengo un peluche-. Dijo la resuelta jovencita que sentó junto a Martina.
- OK. Hola, me llamo Martina. Y no veo a tu peluche-. Acotó nuestra creativa arquitecta en prospecto.
Seguiría un par de sonrisas, algo prolongadas y un sustento gracioso de que "Cada quien respeta su espacio". Aquel peluche en mención era un gato, desprovisto de indumentaria o sombrero o de unas clásicas botas a fuer de aquello que se pierde en la noche de los tiempos. "Mi gatito es claro y bonito y su presencia me produce buenas ideas."
- Ah pues, genial eso. Preséntamelo.
El teléfono resonó ligeramente al colgarse, contagiado acaso de una sonrisa de quietud que tras el acuerdo de dos colegas en cambiarse de turno de vuelo de interconexión; abrigaría la esperanza de una de ellas de re-encontrarse con el gran amor de su vida, producto de una reconciliación.
En el vetusto hangar mientras tanto, entre el clamor de horas y acumulación de sueño, un mantenedor no se percata que dejó cubierta la pieza con una cinta que más tarde no articularía el sensorizado, de la aeronave con destino a SCL.
En la mente de Yidda, no quepa esta vez el destino final; pues ante la emergencia se precisa retornar a LIM. De pronto el calor de sus mejillas se vieron opacados por una sensación térmica inimaginable producto del abrupto descenso. Ya no oye más los gritos en los pasillos, ya no pasa por su mente el inquirir por instrucciones en cabina. Divisa nuevamente por las ventanas las tenues luces de un acaso a prueba de colisiones, cierra los ojos y a su propia paz; decide no abrirlos más.
Martina tiene muy en claro que tras el paso del tiempo, no quedará más de su estatura ni de su peinado; empero sí de aquel oso de felpa que lleva consigo a todas partes.
Este pensamiento pasó por su mente cuando tenía apenas doce años y tenía la mirada atenta de sus padres puesta en ellas; empero no del futuro que se tenía en mente.
En cambio ella tenía la mirada puesta en el peluche, lo tenía desde los siete años y siempre se preguntó por qué exactamente tuvo que ser de un oso y por qué tenia que llevar algunos trajes de adulto.
Aquel peluche tenía un denso pelaje marrón y una despintada nariz, llevaba un sombrero pequeño de copa y tenía la sonrisa levemente cosida; que parecía que cuando ella estaba contenta aquel osezno se sumaba a las celebraciones en murmullo.
Tengo una sola idea en mi mente y pareciera que escondiese una intención de volverla a seducir. De probar otra forma de llegar a ella, a su espacio, a su pasado; a sus rollos de papel de los que tanto se jacta en sus posts.
Noto una semiótica que no va conmigo y mi entendimiento. Noto que su imagen ha regresado con más fuerza, como su cuerpo y el pequeño que lleva su sangre y al que saludé hace poco en el Mercado.
Siempre la noto y ella me nota. Vivimos como alejados, pero dispuestos a acercarnos.
Estaba en mis intenciones el emprender por mí mismo. A partir del hecho de perder una oportunidad como tal. Seis meses después, vi un anunci...